Tenía un pelo cano plateado recogido en una pequeña coleta, una cara morena y llena de arrugas y unos ojos marrones que era lo único que parecía no haber envejecido.
Me miró durante un rato, miró la habitación durante unos segundos y vio el desorden que decoraba cada espacio por pequeño que fuera y sin sorprenderse me miró de nuevo y después de un rato dijo, con una sonrisa en la cara
-No te preocupes por el desorden, estoy… acostumbrado.
no supe que contestar, no sabía si se hacía el gracioso o que pretendía.
-Bueno, solo quería proponerte un trato, pero, no creo que en esta situación pueda conseguir algo, así que aunque sé que el plan no te va a gustar, y que sepas que me da igual lo que te parezca, vistete nos vamos a dar una vuelta.
-No gracias, no…
Sobra decir que no me dejo terminar y que sin saber como lo hizo me encontra vistiendome, me pidio que me afeitara pero… creo que conservé algo de mi “dignidad” y no consentí en hacer eso.
Luego salí a dar una vuelta con él, hablaba mucho sobre todo y nada, como le iba en una tienda de música que había abierto, sobre su casa en las montañas… no me dejaba replicar, pero creo que sabía que no hubiera abierto la boca, sin embargo y no se por qué estaba interesado en la conversación, durante todo este tiempo la gente que me había visitado me miraba con cara de miedo o intentaba decir “cuanto lo siento” sin decir eso precisamente y es gracioso como la gente siempre da vueltas para decir algo que sería mas fácil decirlo a la cara.
Al final nos sentamos a la orilla de una pequeña cala que había no muy lejos de mi casa, me miró con esos ijos intensos, sonrió y me dijo:
-La vida es como la playa amigo, hay tantos segundos por vivir como granos de arena pero al final la mar o el viento se los acaba llevando.
Miró el mar y se puso serio.
-Es hora de que acabes de lamentarte amigo sino nadie podrá salvarte.
continuará